En esta Historia de la Literatura empezamos un nuevo capítulo con la intención de recopilar escritores y escritoras que a lo largo de la historia se han atrevido a romper patrones culturales y lo han hecho a través de sus plumas. Personas que directa o indirectamente han escrito y publicado en contra de los sistemas políticos, religiosos y sociales. Autores que deciden poner por escrito lo que pertenecía a la tradición oral; autoras que a pesar de ser mujeres y pertenecer a sistemas patriarcales, se atreven a escribir; hombres y mujeres que desafían el mandato religioso y escriben más allá de lo que deberían; gente que ha dibujado e interpretado el mundo sin importar el régimen prestablecido y cuyas obras han marcado un referente en la historia de la literatura.
Iniciamos una nueva serie de entregas de “La novela y el mundo” con reflexiones sobre el ejercicio del poder político. Las dictaduras, la democracia, los regímenes absolutistas, las monarquías, los nacionalismos y las distopías son nociones que se han visto reflejadas en la literatura a través de diversos géneros y en distintas épocas.
Antes del siglo XIX, casi todas las expresiones literarias sobre el poder y la política se circunscriben a géneros distintos a la novela. Por ejemplo, Platón, con su esquema de diálogo, establece en su “República” una forma ideal de organización política (ciudad-estado); Maquiavelo en “El príncipe” (1513) introduce la teoría política moderna con la idea de que el gobernante mantenga el poder a toda costa; en muchas de las obras de teatro de Shakespeare siempre hay alguien listo para hacerse al poder cuando falta quien lo sustenta; Thomas Hobbes en “Leviatán” (1651) defiende que los súbditos deleguen sus derechos en el monarca soberano; John Locke en su “Segundo tratado sobre el gobierno civil” (1689) concibe una de las primeras ideas democráticas a través de un pacto entre ciudadanos; Rousseau en “El contrato social” (1762) sella las bases de la Revolución francesa.
El túnel (1948), del argentino Ernesto Sábato (1911-2011), es una novela fundamental en la historia de las letras latinoamericanas, que además adopta las tendencias narratológicas existencialistas y psicológicas vigentes en la Europa del momento. El eje argumental de la novela es la confesión de un crimen, pero en realidad se trata del comportamiento obsesivo de un individuo abatido por la alienación y los vacíos interiores del sujeto moderno. El autor centra la narración en una voz única que confiesa y se autoinculpa.
Matar a un ruiseñor, de la norteamericana Harper Lee (1926-2016), es considerado un clásico estadounidense. Fue publicado originalmente en 1960, y ganó el Pulitzer en el año siguiente a su publicación. La justicia es el precepto jurídico que atraviesa la novela y que funciona como eje moral de una comunidad. La aplicación de lo legal y lo justo se contamina por prejuicios raciales y, por lo tanto, la justicia pierde la garantía de equidad. La noción de justicia como principio moral se ve obliterada o cegada por construcciones colectivas discriminatorias. Es una novela que denuncia la injusticia a partir de un examen a la eterna distancia entre justicia real y justicia ideal.
Billy Budd, marinero, esta novela de Herman Melville (1819-1891), publicada en 1924, muchos años después de la muerte del autor, encarna la ambivalencia de los preceptos jurídicos en la literatura, ya que destaca la tensión entre la ética y la legalidad. El núcleo argumental conecta con la fragilidad de la ingenuidad frente a la rigidez de la ley, y, al mismo tiempo, deja ver el enfrentamiento entre lo individual y lo colectivo, que son precisamente las bases de un ordenamiento jurídico que debería abogar por la justicia.
Eugenia Grandet es una de las novelas más célebres y conocidas de Honoré de Balzac (1799-1850), y es un ejemplo de la importancia de ciertos preceptos jurídicos en el eje de una trama novelesca, como los testamentos, la costumbre como fuente de ley, los contratos matrimoniales, la quiebra o las leyes hereditarias. Aunque dichos criterios no sean expresamente manifiestos en la trama sociológica que parece regir la novela, sí sirven como principio organizador de la realidad en contra del ideal romántico.
Si esto es un hombre (“Se questo è un uomo”, 1947), de Primo Levi, no es una novela, es un relato testimonial con estructura narrativa y trama tan próximas a la novela que sobrepasan la ficción misma. La incluyo en esta sección porque, además de su cercanía con la novela, se acomoda con precisión a las obras que dan cuenta del trauma colectivo.
Antes de adentrarme en las columnas de algunas novelas, que a mi juicio representan los preceptos jurídicos universales, como la ley, el debido proceso, la justicia, la culpa o el castigo, me voy a referir a la sempiterna relación entre las letras y el derecho, toda vez que es constante el reflejo de estos temas en todos los géneros literarios. ¿La ley es un mandato que deben cumplir las personas que viven en sociedad? ¿Y si la ley no es justa? ¿Qué es la justicia? ¿Es justa la pena impuesta?… Estos son ejemplos entre miles de preguntas que surgen, generan conflicto y que se encuentran en innumerables obras literarias.
El hambre rompe el orden social. Si no se suplen las necesidades básicas, los seres humanos se apartan de las construcciones sociales. Vidas secas, escrita por el brasileño Graciliano Ramos (1892-1953) y publicada en 1938, es una novela corta y esencial en la literatura brasileña. También es un referente de las letras latinoamericanas del siglo XX.
Los novios, en italiano I promessi sposi, de Alejandro Manzoni (1785-1873), es una de las obras literarias más relevantes en la historia de la literatura italiana. Se publicó entre 1840 y 1842. Desde entonces ocupó un lugar primordial en las letras europeas y se convirtió en una de las novelas fundacionales italianas. La obra podría enmarcarse en diversas categorías dentro de los temas universales, ya que es al mismo tiempo novela histórica, propuesta de ética y moral cristiana, pintura social y costumbrista del siglo XVII lombardo, además de una ratificación del idioma italiano moderno. Desarrolla una trama compleja y variopinta que representa la ruptura del orden en distintos aspectos sociales y políticos. Deja ver su crítica a través de la ironía, el cuestionamiento ético y el análisis psicológico.
La ruptura del orden es la primera categoría genérica con la que comienzo esta serie de reflexiones sobre novelas que han descrito la experiencia humana. La guerra será la primera temática específica.
La novela y el mundo será el enfoque de la nueva etapa de “La jácara literaria» que complementa las secciones anteriores, “Historia de la literatura” y “Plumas transgresoras”, a partir de reflexiones sobre cómo se han mostrado los temas universales en algunas novelas del canon literario.”, que complementa las secciones anteriores, “Historia de la literatura” y “Plumas transgresoras”, a partir de reflexiones sobre cómo se han mostrado los temas universales en algunas novelas del canon literario.
El género novelístico es, por excelencia, el que ha representado los conceptos desarrollados por la humanidad, incluso allende los límites de la historia y de la mera interpretación de la realidad. Dice Milan Kundera: “La novela no examina la realidad, sino la existencia. Y la existencia no es lo que ya ha ocurrido, la existencia es el campo de las posibilidades humanas, todo lo que el hombre puede llegar a ser, todo aquello de lo que es capaz” (El Arte de la Novela).